Recuerdo que te pregunté:
“¿Cómo me soportas?”
Pensé que no responderías e ignorarías la pregunta, pero me miraste y reíste sutilmente. Tu respuesta fue algo directa:
“No te soporto”
Lo decías con tal encanto que quedé algo anonadada, casi entre murmullos te pregunté:
“¿Cómo?”
…
“Pues sí, no te soporto. No soporto que seas desordenada, terca, incluso sínica, odiosa, mandona, regañona…No soporto tu mirada perdida, tu vil sonrisa, tu caminar torpe, tu cabello despeinado, tu voz, tu perfume… No soporto la manera en que me haces sentir, pensar en ti todo el día, querer tenerte cerca todo el tiempo, desvelarme viéndote dormir…
No soporto que seas perfecta.
Pero no te soporto porque Te Amo”.
Y esa fue tu frágil respuesta.
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